«Cuando nos dijeron que teníamos que estar confinados en casa primero unos pocos días y luego se fue alargando, yo pensé que iba a llevar peor esta etapa, pero no ha sido así sino que he aceptado con total tranquilidad mi estancia en mi domicilio, junto con parte de mi familia casi todo el día o todo el día cuando las salidas todavía no eran posibles excepto para ir al supermercado o a la farmacia. Es verdad que ha sido un alivio poder pasear unas pocas horas al día en la situación de Desescalada pero el confinamiento absoluto tampoco ha sido tan malo.
 
Para poder afrontarlo, me propuse seguir con las rutinas de diarias como si no pasase nada, tanto en lo que se refiere a las rutinas de levantarme a una hora determinada, asearme, arreglarme y cambiarme de ropa también para estar en casa, como en lo que se refiere a la limpieza y orden en el hogar, cuidado de mi madre enferma, ratos de ocio (aprovechando también todas las oportunidades de ocio que surgieron a partir de la pandemia como películas gratuitas, visitas virtuales a museos o conciertos) o aprovechando para repasar inglés que lo tenía muy olvidado y, todo ello pensando en el futuro. Es verdad que algunas veces el tiempo se ha hecho muy largo y que he tenido tentaciones de comer más de la cuenta pero lo he ido sobrellevando. Lo que sí he echado y echo mucho de menos son los entrenamientos en el gimnasio, al que acudía casi todos los días, lo cuál me permitía mantenerme en forma y en mi peso habitual o, incluso bajar un poco. Creo que será difícil volver a la normalidad en lo que al gimnasio se refiere.
 
Algunos días que me he encontrado peor me he aferrado a continuar con las rutinas, aunque fuese a menor ritmo pero sin dejarme vencer por el aburrimiento o la ansiedad y la angustia que algunas veces he sentido. Para estas dos últimas siempre he tenido, además el auxilio de la medicación, las rutinas, el apoyo familiar y el contacto con mis amistades del Centro..
 
Tuve una consulta telefónica con mi psiquiatra y estoy pendiente de otra, también telefónica con mi psicóloga.
 
Así mismo, Miguel Angel, me ha llamado como representante del CRPS y dado que llevábamos algún tiempo llevando a cabo sesiones que me ayudasen a organizar mejor mi tiempo, a estructurar mi día, bueno pues me ha llamado todas las semanas para interesarse por mi situación, lo cuál es muy de agradecer.
 
También he mantenido el contacto con mis amistades del CRPS o del Centro de día por medio de llamadas telefónicas, a veces en grupo y mensajes de Whassapp con contenido de ocio y otras con sentido del humor para quitar un poco de hierro a la tragedia que en realidad estábamos viviendo. Este contacto me ha servido para mantener los ánimos y para animar a otras personas en situaciones similares a la mía. Valoro mucho estas amistades y que en el CRPS estén pendientes de las necesidades de cada uno de nosotros.
 
En medio de esto, también hemos tenido que convivir con el duelo de algunos buenos amigos fallecidos por el virus o la preocupación por los conocidos contagiados que, finalmente, se han recuperado.»
 
A.T.

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