El foro/encuentro organizado por la Asociación Madrileña de Rehabilitación Psicosocial (AMRP), tuvo como objetivo conocer, compartir y visibilizar lo acontecido a lo largo de la pandemia por la COVID 19 en los recursos que lo han vivido con mayor intensidad, como es el caso de las Miniresidencias de la Red Pública de Atención Social de la Comunidad de Madrid.

La situación no tenía precedentes y ha puesto a prueba la capacidad de reacción y respuesta del mundo entero. Analizar este acontecimiento y su impacto es una tarea compleja y sería necesario contar con una mayor perspectiva temporal de lo acontecido y una visión más amplia, que incluyera las aportaciones de instituciones y personas que han desempeñado papeles diferentes e indudablemente con la visión de los usuarios y usuarias de los recursos. Esto permitiría una mejor comprensión del extraordinario trabajo realizado en los distintos momentos con la información de que se iba disponiendo, de las medidas adoptadas y las razones que las motivaron, teniendo presente las diferentes circunstancias y medios disponibles. Es preciso y urgente identificar aciertos, aspectos mejorables y también errores a no repetir, que nos permitan estar más preparados, si como parece, situaciones como la vivida podrían repetirse.

Desde la AMRP no se quiso demorar el inicio de la reflexión y agradecemos a quienes participaron su disponibilidad, a pesar de la premura con la que fueron convocadas. Moderadas por la vicepresidenta de asociación, Marta Rosillo, intervinieron: Gema de Frutos, Cora Camaño y Loli Benito. Todas ellas psicólogas, directoras de las MRs de Aranjuez, San Miguel y Torrejón, gestionadas por las entidades Grupo 5, Hermanas Hospitalarias y Fundación Manantial, respectivamente. También agradecemos a las 45 personas que se conectaron en directo, disculpándonos por los errores que hayamos podido cometer por la falta de experiencia en este tipo de eventos.

El encuentro comenzó celebrando el hecho de que no haya habido contagios masivos, ni fallecimientos como los acontecidos en otros recursos de atención a personas con discapacidad, a pesar de la vulnerabilidad física de muchos/as residentes.

Se recogió la experiencia desde los momentos iniciales, previos al estado de alarma, al encontrarse la MR de Torrejón en uno de los epicentros, en los que se empezó a detectar la alta incidencia y recibir una llamada del hospital para realizar pruebas que permitieran confirmar, si la reciente hospitalización de una de sus residentes por problemas respiratorios pudiera haberse tratado de un caso de COVID. Esa visita al hospital fue la primera toma de contacto y de exposición consciente al riesgo. En todas las MRs se experimentó la incertidumbre y el miedo común a toda la población y el añadido de la preocupación porque el virus entrara en el recurso, sin información ni medios suficientes que permitieran establecer medidas eficaces para salvaguardar la salud y minimizar el impacto.

Para analizar la repercusión de las medidas, es necesario matizar en función del momento concreto (confinamiento, desescalada y nueva normalidad) y profundizar en aquellas que se adoptaron para favorecer el seguimiento de las restricciones de un estado de alarma sin precedentes, las diferentes órdenes administrativas que se iban recibiendo y era necesario adaptar con inmediatez a los recursos, teniendo en cuenta la idiosincrasia de cada uno, y también, conjugarlo todo ello con las indicaciones de los servicios de prevención de riesgos laborales.

Partiendo del hecho de que todas las personas hemos visto restringidos nuestros derechos, se entendió que las diferencias las ha marcado el lugar en el que se vivía y el hecho de hacerlo en comunidad con otras 29 personas, pero no la discapacidad o la patología. En este punto existió mucha variabilidad, y los profesionales en bastantes ocasiones tuvieron la sensación de ser “guardianes” y tener que realizar valoraciones individuales para flexibilizar las medidas de confinamiento y “permitir” las salidas. Dichas valoraciones estaban basadas en las restricciones existentes pero también existía un añadido de subjetividad que complejizaba la toma de decisiones, y especialmente cuando estaba relacionada con algo tan importante como es la limitación de movimientos. Por ejemplo, delimitar cuándo se podía salir y para qué, valorar si algún producto era un artículo de primera necesidad para justificar la salida, quién hacía esa valoración, etc. eran dilemas que surgían en los equipos. Además, en ocasiones algunas personas no seguían de manera correcta las medidas de seguridad y surgía de nuevo la duda. ¿En esas ocasiones se facilitaban las salidas? Se han vivido situaciones muy complicadas en las que se ha tenido que priorizar la salud colectiva frente a los intereses individuales, a pesar de la no aceptación del propio usuario. Manejar ese aspecto en un recurso residencial “abierto” ha generado múltiples tensiones en el día a día.

La actividad diaria y los procesos de rehabilitación se vieron alterados, tanto como la vida de todas las personas y los tratamientos de otros problemas de salud. Fue necesario extremar la seguridad, reorganizar el funcionamiento del recurso (el servicio de comedor, el uso de los espacios comunes, la gestión de la medicación, la limpieza, las compras, el contacto social con el exterior, etc.). Las complicaciones se incrementaban cuando era necesario aislar a personas contagiadas para lo que se llegó a recurrir, cuando fue posible, a habilitar otros espacios, llegando incluso a habilitar recursos diurnos que estaban próximos. El hecho de vivir en comunidad ha tenido y tiene indudablemente algunos inconvenientes, pero también el beneficio para muchas personas de pasar el confinamiento acompañado y apoyado. Se priorizaron, frente a las intervenciones habituales, otras actuaciones apremiantes en los distintos momentos, encaminadas a la ocupación del tiempo, a la satisfacción de las necesidades básicas y otras no tan básicas pero que también cumplían su misión para sobrellevar el largo confinamiento (se constató que las necesidades y deseos eran las mismas que las del resto de la sociedad, entretenimiento y hacer bizcochos, las compras online o pedir comida a domicilio… ayudaron sin ninguna duda en algunos momentos).

Con las dificultades que conlleva, también fue necesario apoyar en el afrontamiento del malestar, acompañar en situaciones de duelo, y proporcionar contención ante situaciones de crisis que sin duda se veían agravadas por la imposibilidad de contar con los servicios de urgencias y las UHB.

Del mismo modo que no fue lo mismo pasar el confinamiento en un piso de 40 metros que en un chalé con jardín, las condiciones físicas de cada MR también determinaron diferencias. El número de habitaciones individuales, la existencia de espacios abiertos, los medios telemáticos,…etc. ponen sobre la mesa cómo deben concebirse estructuralmente los recursos en los que conviven personas.

La incidencia de casos positivos fue mayor entre los profesionales, con el consiguiente impacto al no poder contar en una situación tan extraordinaria con los referentes habituales. Los departamentos de recursos humanos se esforzaron en dar cobertura a las bajas que se iban sucediendo con procesos de selección urgentes, priorizándose la disponibilidad y sin tiempo para la formación, también se cubrieron vacantes con profesionales de recursos diurnos. Las bajas de los compañeros también tenían un impacto en el resto del equipo que se preocupaba, como es lógico, por el momento en el que le pudiera tocar a cada uno, así como por el riesgo que el hecho de salir diariamente, suponía para sus familiares y para los mismos residentes. Se manifiesta el agradecimiento a quienes estuvieron disponibles y también a quienes se incorporaron por primera vez a los recursos en esta situación, aun cuando los equipos de protección eran insuficientes. En algunas MRs los profesionales con contratos de lunes a viernes se ofrecieron para reorganizar su jornada, sin librar los fines de semana, para no dejar el recurso con servicios mínimos de personal ningún día. Pero también se pone de manifiesto, desde las aportaciones de quienes se conectaron al foro, si no habría sido necesario, en unas circunstancias como las vividas, reforzar las ratios de personal para atender a las incidencias y al incremento significativo de las tareas asistenciales. Es importante destacar el sobreesfuerzo realizado por toda la plantilla de las residencias, manteniendo en la mayoría de las ocasiones una disponibilidad absoluta, pero también con un coste personal importante. Hay que destacar las situaciones vividas en los equipos, marcadas por el miedo, la incertidumbre, el agotamiento físico y emocional, que requería de espacios de ventilación que, en ocasiones, y debido al ritmo existente y la demanda de los usuarios, no era fácil encontrar.

Se destacaron las ventajas de formar parte de una Red y de poder contar con grupos de trabajo entre las coordinaciones de los recursos y/o con las direcciones técnicas de las entidades, para la interpretación y concreción práctica de las órdenes generales que se recibían. Los equipos de los recursos diurnos se coordinaron con los de las residencias para apoyar, aún desde la distancia, a aquellas personas en atención que lo necesitaran de un modo especial, así como para mantener las intervenciones posibles en los diferentes momentos.

Se constató la importancia del trabajo de integración del recurso en el tejido comunitario (vecinos, policía, bomberos, protección civil…) y fue un momento de comprobar cuántos apoyos se habían creado. Del mismo modo, se valora el trabajo de aquellas jefaturas sanitarias que se mantenían en contacto y compartían la información sobre la situación de los diferentes recursos del área. Se manifestó el agradecimiento a los profesionales de los servicios de salud que se desplazaron para prestar la atención y a quienes mostraron su implicación e interés por cómo estaban viviendo la situación tanto los/as residentes como los/as profesionales. También se destacó el apoyo de salud pública y de unidades de apoyo residencial. La diferencia de criterios en la consideración de “contacto estrecho”, entre los médicos y los diferentes centros de Salud Pública y también, en otras ocasiones, la concatenación de casos ha condicionado el alcance y la duración de los aislamientos de los/as residentes de los recursos durante todo este tiempo y se trata de una de las circunstancias de mayor coste en la vida diaria e interferencia en la gestión del recurso.

Destaca la importancia de los vínculos establecidos y en lo que se refiere a la convivencia, se han generado algunos nuevos al compartir más tiempo el mismo espacio, se han estrechado las relaciones de quienes ya se llevaban bien y han incrementado la solidaridad entre convivientes y las oportunidades para desempeñar un rol productivo como agente útil para los demás. Pero la situación de estrés vivida también agudiza las dificultades suponiendo un aprendizaje intensivo de resolución de problemas de convivencia e incrementándose la necesidad de acercar posturas, llegar a acuerdos y respetarlos. En general las valoraciones de vivir en la residencia son muy positivas por parte de los usuarios, pero también existieron dificultades de convivencia que no se deberían minimizar. Tener que convivir de manera tan estrecha durante 24 horas con otras 29 personas no siempre ha sido fácil. Y, aunque en ocasiones se han fomentado vínculos, en otras también se han agudizado las diferencias ya existentes y esto ha generado múltiples conflictos.

Lo que le ocurre a cada persona le afecta más que nunca a la comunidad. La vulnerabilidad conjunta a lo desconocido ha unido a residentes y profesionales, aumentando en ocasiones el acercamiento afectivo y el apoyo mutuo entre los miembros de la comunidad que forman. La experiencia de vivir un confinamiento puede tener ciertas similitudes con las vivencias que han tenido y tienen las personas con discapacidad psicosocial en distintos momentos, se pueden extraer aprendizajes útiles y también suponen una oportunidad para empatizar. Sin duda ha supuesto un impulso extraordinario para el uso de las nuevas tecnologías que no tiene marcha atrás.

De lo manifestado a lo largo del encuentro y de lo recogido en la parte final del mismo pueden deducirse algunas cuestiones importantes de cara al futuro. A continuación, destacamos las más relevantes, algunas consideramos que no tendrán una solución rápida, pero deberán ser tenidas en cuenta en la planificación y diseño de los recursos, y otras podrán estar previstas y llevar a actuaciones concretas más inmediatas.

  • Protocolos de actuación ante los contagios con previsión de espacios adecuados de aislamiento y actuaciones para aquellas situaciones en las que haya personas que tengan dificultades para mantener el aislamiento y/o las medidas preventivas.
  • Reserva estable de equipos de protección para las diferentes necesidades.
  • Refuerzo de los recursos humanos en situaciones de emergencia para afrontar el incremento de las tareas y poder mantener el trabajo de los objetivos de los procesos de atención.
  • Revisión de los recursos comunitarios de apoyo externo existentes para su conocimiento en todos los recursos. Acciones de sensibilización globales, y específicas en los entornos próximos de cada MR para incrementar el conocimiento de los recursos y su idiosincrasia, en los dispositivos sanitarios de emergencia.
  • Revisión de los medios telemáticos de cada recurso porque son ya imprescindibles y de la accesibilidad a los mismos, intensificando el desarrollo de las competencias de cada persona.
  • Reflexión sobre la experiencia pasada, en un espacio de coordinación conjunta para los directores de todos los recursos, para preparar el afrontamiento de situaciones de emergencia de características similares.
  • Importancia de contar con habitaciones individuales y espacios abiertos en los recursos residenciales
  • Revisión de las medidas adoptadas para garantizar la flexibilidad y la individualización necesaria. Reflexionar acerca de la sobreprotección y extremar la atención a las situaciones que puedan suponer la vulneración de los derechos de las personas

La pandemia ha supuesto una oportunidad para reflexionar sobre el modo de vida que llevamos, individualmente sobre las cuestiones realmente importantes para cada uno y también como sociedad. Este análisis tampoco debería quedarse sólo en un momento. Como se comenzada diciendo, somos conscientes de que no se han abordado, con la profundidad que requiere, la complejidad enorme de una situación como la que se está viviendo y también que habrá experiencias diferentes en los distintos recursos, pero nos parecía imprescindible aproximarnos y esperamos que este foro haya podido ser un punto de partida. Nuestra intención ha sido abrir espacios de reflexión conjunta, contribuir en alguna medida a visibilizar parte de lo acontecido y mostrar nuestro más sincero reconocimiento a todas las personas que se han encontrado y/o se encuentran en tiempos como éste viviendo o trabajando en un recurso residencial y dando lo mejor de sí mismas.

Junta Directiva AMRP

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